Opinión

Iván Cepeda, el líder secundarista

Este 31 de mayo, Colombia vota por un exlíder secundarista. La historia que los medios no cuentan.

Fabián Márquez
Secretaría Técnica Nacional
Nacional

Este 31 de mayo, Iván Cepeda Castro se disputa la presidencia de la República. Pero lo que pocos saben es que antes de ser senador, filósofo, defensor de los derechos humanos o de enfrentarse políticamente a Álvaro Uribe, Iván fue un líder del movimiento estudiantil secundarista. Esta es la historia que los medios no cuentan.

Los primeros pasos de su lucha estudiantil

Inició su vida política en el Colegio Camilo Torres de Bogotá, el mismo donde años después nacería la Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria (ANDES). Allí comenzó a organizarse junto a la Unión Nacional de Estudiantes de Secundaria (UNES).

A los catorce años fue detenido por la policía mientras repartía ejemplares del periódico Voz Proletaria a las afueras de su colegio. Era el semanario que su propio padre, Manuel Cepeda Vargas, dirigía. Manuel no lo reprendió, sino que lo felicitó.

Iván Cepeda en un colegio de Bogotá

Iván tenía catorce años cuando, en 1977, los estudiantes de bachillerato participaron de manera destacada en el Paro Cívico Nacional, una de las mayores jornadas de protesta de la historia contemporánea de Colombia. Junto a trabajadores, campesinos y sectores populares, salieron a las calles a exigir transformaciones sociales. La represión fue tan intensa que dos bachilleres perdieron la vida durante las manifestaciones.

Al salir del colegio, Iván se iba a los barrios populares de Kennedy. En sus propias palabras:

Ya era estudiante de secundaria y comencé a hacer mi vida política y me metí de lleno en los barrios populares, sobre todo en Kennedy. Yo era un muchacho que salía del colegio y me iba a los barrios y a la actividad política.

A comienzos de los ochenta, siendo aún bachiller, participó en un congreso estudiantil en la Universidad Nacional que reunió universitarios y secundaristas de todo el país. Quienes estuvieron allí recuerdan su oratoria: un dirigente de colegio destacándose en un escenario universitario.

En diciembre de 1980, Iván viajó en tren desde la Estación de la Sabana de Bogotá hasta el Parque Natural Isla de Salamanca junto a cientos de jóvenes llegados de todas las regiones del país. Era uno de los líderes de la UNES en aquel Primer Campamento Ecológico Juvenil, celebrado entre el 15 y el 18 de diciembre bajo la consigna de tratar la tierra como hermana. Levantaron el campamento cerca de Pueblo Viejo con carpas prestadas por el ejército, y pusieron en el centro del debate la carretera entre Barranquilla y Santa Marta que se había estancado y salinizado a las aguas de la ciénaga, destruyendo manglares y arruinando la pesca artesanal. Fue la primera proclama del estudiantado colombiano por la defensa del medio ambiente. Muchos de los jóvenes que estuvieron allí fueron asesinados o desaparecidos en los años que siguieron. Iván sobrevivió por la vía del exilio.

Años después, ya graduado en filosofía y siendo profesor en la Universidad Javeriana, un hecho marcaría su vida de forma irreversible: el asesinato de su padre, Manuel Cepeda Vargas, senador de la Unión Patriótica, en 1994. Ese crimen lo llevaría a fundar el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado y a convertirse en uno de los defensores de derechos humanos más importantes del país.

Iván Cepeda bebé

El colegio como espacio de lucha

En Colombia, el movimiento estudiantil casi siempre se cuenta desde las universidades. Los paros, las asambleas, las tomas, y el bachillerato aparece, cuando aparece, como escenario menor. Rara vez sale en revistas, rara vez en noticieros, como si la política fuera un asunto que solo madura cumpliendo dieciocho años.

La trayectoria de Iván contradice esa lectura. Llegó a la universidad con una formación política ya construida: había sido detenido, había marchado en un paro nacional, y siendo aún bachiller había demostrado en un congreso en la Nacional que el colegio también produce dirigentes con voz propia. El bachillerato fue, antes que cualquier otra cosa, su escuela política.

Como dato curioso: la ANDES, nació antes que la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios (ACEU). Los secundaristas se organizaron primero. Eso no fue casualidad, fue consecuencia de que en el bachillerato la urgencia política se siente de otra manera, más directa, más arraigada en la vida cotidiana, en el barrio, en la familia, en lo que se ve al salir del colegio.

Quien aprende a organizarse siendo bachiller llega a la universidad con algo que ninguna universidad enseña, y es la convicción formada antes de que nadie le dijera cómo pensar. La secundaria es el origen del movimiento estudiantil colombiano, aunque raramente se cuente así.

El Colegio Camilo Torres, donde Iván dio sus primeros pasos, es también el lugar donde años después nacería la ANDES. Es la prueba de que ese colegio, esa generación, sembró algo que no terminó con el bachillerato de nadie. La historia de Iván es parte de una cadena que llega hasta hoy, hasta cada estudiante de secundaria que decide que la injusticia no es algo que se espera a resolver después de los dieciocho años.

La historia que los medios no cuentan es también la historia que el movimiento estudiantil colombiano todavía le debe al bachillerato.

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